A quien esté dispuesto a ver de verdad.
Y a quienes, sin saberlo, dejaron una grieta abierta.
Este texto es un ensayo de investigación basada en artes. No pretende ser teoría pura ni autobiografía, es las dos cosas al mismo tiempo, operando desde un lugar que solo la práctica artística sostenida hace posible. Sigue la lógica del Practice-Led Research: la investigación donde la práctica es simultáneamente el método y el resultado. TUNAMPA no ilustra una hipótesis, es la hipótesis. Cada obra es un dato. Cada serie es un capítulo. La experiencia del artista, su historia, su cuerpo, su territorio, no es anécdota sino evidencia cualitativa situada.
TUNAMPA llegó en un sueño.
No la busqué. No la construí razonando. Apareció como aparecen las cosas que ya existían esperando ser encontradas con la certeza silenciosa de lo inevitable.
Somos así.
¿Qué sabe una imagen de quien la hizo, que ni quien la hizo sabe todavía?
What does an image know about its maker that even its maker doesn’t know yet?
Fibonacci lo sabe. Cada número es la suma de todo lo que vino antes.
0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21…
Esta serie no inventa. Recuerda.
Este libro no cierra TUNAMPA. La abre.
MANIFIESTO TUNAMPA
Hay cosas a las que no les presté atención durante años.
Las miré con escepticismo.
Seguí mi vida.
Pero el destino tiene una paciencia que la razón no tiene.
Fue acumulando.
Evento sobre evento.
Sueño sobre sueño.
Cada uno solo, descartable.
Todos juntos, imposibles de ignorar.
En una muestra algo se abrió.
No sé explicarlo.
Solo sé que después de eso
decidí unificar todos mis yo en uno.
Esa noche soñé un nombre.
Lo escribí apenas desperté.
Era una deidad suprimida hace quinientos años.
Nunca había estado en ese territorio.
Pero ese territorio estaba en mí.
TUNAMPA no fue una decisión artística.
Fue una respuesta.
La respuesta a un camino que elegí.
A eventos reales y metafísicos en los que decidí creer.
A una espiritualidad que dejé de negar.
A todos los mensajes que el destino me fue tirando
hasta que no pude seguir mirando para otro lado. En cada obra hay algo vivo dentro de algo que lo contiene.
No lo puse conscientemente.
Ya estaba ahí.
La IA procesó estas imágenes.
Devolvió orden. Simetría. Claridad.
Me mostró lo que mi obra no es.
En esa diferencia está todo lo que sí es.
La máquina aprendió la erupción.
No conoce el volcán.
Este libro no explica TUNAMPA.
La habita.
No es el cierre de un camino.
Es el mapa de lo que pude ver hasta aquí.
El resto está por venir.
0 · 1 · 1 · 2 · 3 · 5 · 8 · 13 · 21 · ∞
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Interior del edificio mental
Se me ha contado y no sé ya si el origen fue un sueño, un recuerdo o una de esas antiguas supersticiones que sobreviven al paso de las generaciones que cada hombre posee un edificio secreto construido en lo más hondo de su mente.
No se trata de un edificio del mundo visible, sino de una arquitectura variable cuyo plano cambia con cada pensamiento, con cada duda y con cada miedo. En mi caso, ese edificio adopta la forma de un laberinto suspendido sobre un desierto. Sus habitaciones no son transitables: se despliegan como ideas inconclusas, como páginas arrancadas de un libro que alguien escribió en un idioma anterior al latín.
En uno de los corredores, que no conduce a ninguna parte, descansa la figura de un escarabajo inmóvil; su respiración, si es que respira, altera imperceptiblemente la geometría de los muros. He llegado a sospechar que ese insecto, más que un guardián, es el verdadero arquitecto del conjunto.
Abajo, en la llanura, tres cuerpos permanecen elevados por cables que se hunden en la arena. Son, quizás, los tres yo que fui, o que seré, sostenidos por una fuerza que no alcanzo a comprender.
A veces creo verlos moverse con la oscilación del viento, como si intentaran desprenderse de su destino, pero siempre vuelven a la misma posición, dóciles a un orden que no es humano. De ese edificio no poseo planos ni llaves. Solo sé que existe, que se reconfigura en cada vigilia y que, de algún modo, me contiene.
Si alguna vez lograra recorrerlo por dentro, temo que descubriría que mis pensamientos no me pertenecen, y que el dibujo que ahora tengo ante mí no es la representación del edificio mental, sino su espejo imperfecto.



El «selfie» acá no es solo una foto. Es una forma de vernos y también de dejar que lo que sentimos salga al mundo. Entre el cuerpo, la tecnología y lo que nos rodea, aparece Tunampa: una visión interior que se vuelve colectiva.

Serie de 14 dibujos. Usd 1200.-
TUNAMPA: el sitio del sueño despierto
Julio Gambero
TUNAMPA no es un lugar fijo. Es una deriva. Un estado. Un contorno imaginario donde lo real y lo onírico se entrelazan sin pedir permiso.Las formas se dibujan como visiones, como fragmentos de una memoria colectiva desarmada por el tiempo.Hay montañas atravesadas por pasarelas imposibles, constelaciones que florecen en tallos, árboles que sostienen el abismo, figuras humanas de ensueños, recuerdos, y futuros posibles. Este sitio —dibujado en líneas que rozan lo absurdo y lo sagrado— propone una arquitectura del desconcierto. Una invitación a habitar el silencio, a ingresar en la “T” y la “U” como portales, como umbrales de una cartografía mental, suspendida en el espacio. TUNAMPA no se mira, se atraviesa. No se entiende, se percibe. Como quien escucha un sueño ajeno y lo reconoce como propio.Aquí, la lógica queda en pausa. Solo quedan las imágenes —ecos de lo que tal vez fuimos, o podríamos llegar a ser.
Curaduría Agustina Rodríguez Suhurt en marco de la muestra en galería Isidoro. Coronel Suárez. Bs As.


Dibujos de tinta sobre papel obra. 20cm x 20cm.
Precio 100usd cada uno. O la serie completa por usd 1200.





















